martes, 4 de octubre de 2016

Escrutinio en la plancha de todas las semanas.

Se concentró en el proceso. Suavemente apoyó la plancha sobre la tela, cargada de vapor de agua poniendo atención especial en las costuras. Fijándose en los finos detalles, alrededor de los botones y los pliegues en los puños. Ella se fija cada vez, a pesar de los años de experiencia de hacer esto cada semana.
Cinco camisas para el aburrido trabajo de oficina entendía que debían estar bien planchadas.
La diferencia era evidente.Le había traído las camisas muy arrugadas y acartonadas por haber estado tendidas demasiado tiempo. Ahora se escrutaba en cada costura, se fijaba en cada arruga, y en las cuatro camisas más que le quedaban para la plancha y un traje por si había posibles problemas que pudieran surgir. Por supuesto, la parte más aterradora de la tarea era el juez. Estaba acostumbrada a su señora que controla su trabajo, pero su novio Bernardo, era una incógnita. Iba a ser él más estricto? ¿Encontraría fallos sólo para demostrar su poder sobre ella? Iba a insistir en llevar a cabo el mismo castigo? Ella intentó concentrarse en la plancha tratando de olvidar a Bernardo. Sin embargo, el ancho de la camisa sirve como un recordatorio de sus anchos hombros, y lo difícil que podría ser si la castigara.

Los sonidos de la pasión sin fin llegan desde el piso de arriba dejado claro que iba a tener que poner la máxima atención para no recibir una sesión de corrección a fondo.
Lo único que podía hacer era concentrarse en los detalles. Si tan sólo pudiera dejar de temblar y terminar esta primera camiseta sin arrugar continuamente la tela, pero es que está tan seca que le cuesta horrores.

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