viernes, 7 de octubre de 2016

Pequeños momentos, momentos inolvidables.

Cenábamos anoche en un bar con terraza. Nos aprovechamos de que aún en octubre está haciendo calor, y es muy probable que sea una de las últimas noches de cenar en la terraza en muchos meses. La terraza estaba bastante vacía, tal vez era por jueves, o tal vez estábamos comiendo temprano, no sé. Yo prefiero comer en el interior pero con esta temperatura es más agradable estar fuera.
La camarera que nos atendió era una joven de rostro muy atractivo y fresco que parecía hacer bastante bien su papel de hacer un poco la pelota y mostrarse feliz.
En ese momento decidí que David iba a tener un poco de diversión. David es mi marido y está haciendo el Locktober. Anoche llevaba 6 días.
Cuando ella vino y anotó lo que ibamos a cenar, al final nos pidió por nuestras bebidas, es ese momento David me dió el pretexto perfecto. Sin siquiera esperar a que yo pidiera le espetó "Voy a tener una Guinness". "¿Disculpa?" Dije. "¿Qué pasó con lo de las damas primero?" "Oh ... lo siento, cariño. Pide tu primero." "Voy a tomar este vino tinto", le dije, , mientras seleccionaba uno específico de la carta de vinos. Hasta ahora bastante normal. Y luego añadí, "pero cancelo la cerveza para él, esta noche va a estar bebiendo agua." "Agua! ..." se quejó. La camarera sonrió visiblemente!
"No, es solo porque tienes que conducir esta noche. Luego vas a a tener algo más, cariño?" David parecía confundido. La camarera tenía su lápiz en su libreta listo para tomar nota. "Vas a tener un buen azote tan pronto como llegues a casa, ¿verdad?" "Ahhh, caray ...", respondió cuando se sonrojó visiblemente, lo que confirma la verdad de la cuestión. Ahora ella se rió abiertamente. "Tal vez eso te ayudará a aprender buenos modales," le dije. Ella no dijo nada en voz alta, pero su sonrisa decía mucho! Lo bueno de hacer esto justo en el comienzo de la comida es que David recordaba esa humillación cada vez que la camarera venía y traía cosas.
Pedí para él, y tomé decisiones saludables.
Yo fui la que pidió la cuenta, pagué y dejé una propina. Estoy segura de que ella no dudaba en absoluto de que mi marido recibiría un azote en llegar a casa.
Tal vez se imaginó que lo iba a poner sobre mis rodillas y dejar su trasero desnudo para darle una buena lección de modales.
O tal vez se imaginó a mi marido de cara a la pared después del azote.

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