martes, 15 de noviembre de 2016

La vida de Maria 7.

Relato
La vida de Maria 7.
Después de leído y firmado, añadimos un pequeño anexo. Es el siguiente:
-El primer día de “Servicio”, el siervo, hará entrega de toda su ropa interior a la Señora. Quedando claro y aceptado, que en su vida, aunque privada, el siervo acepta, como gratitud a su Señora, ir siempre con ropa interior femenina.
-Que si se encuentran casualmente por la calle o en algún lugar, el siervo, podrá sola y únicamente mirar a la Señora, a los pechos, el culo o los pies. Jamás a los ojos. Ella, dependiendo de la circunstancia, podrá variar esa situación diciéndole, tan solo: “mírame”.
- Que el siervo, estará obligado, siempre, a dar los buenos días y las buenas noches a su Señora. Eso se hará efectivo mediante mensajes, correo (explicando todo lo ocurrido durante el día), o como la Señora decida.
-Acuerdan también, que más adelante, si entra en juego su esposo y alguna amiga (con previo acuerdo), estos/as, siempre deberán ser considerados, como si de su Señora, se tratara.
La Señora El Siervo.

Después de su explicación, nos levantamos y firmamos. Ella, una vez firmado, me dio un beso en cada mejilla y se dispuso a sacarme la jaula. Mi polla creció al instante, con dos tirones suyos.
-Ahora, como premio a tu firma, te voy a atar las manos a la espalda y quiero que te masturbes (quede parado, pero siguió enseguida) Soy tuya. Haz como lo que eres, un perro. Restriega tu polla conmigo, en mis pies, mis piernas, mi culo o mi coño. Jadea y saca la lengua como un perro y mastúrbate así. Como ellos, rápido, con ansias. (Así lo hice). Cuando vayas a correrte, quiero que me supliques, para que te deje hacerlo. Ni se te ocurra, hacerlo sin decírmelo.
Me restregaba por toda ella. Me puse de rodillas para meter mi polla entre sus piernas cerradas, pero me dejo poco rato. Estaba ansioso y al cabo de un buen rato la avise. No podía más. Estaba a mil. Me hizo tender en el suelo. Se sentó encima de mí y empezó a masturbarme muy rápido, sin parar. Me corrí pero ella no paraba. Aun aceleraba más. Me producía una sensación de molestia y dolor. Me intentaba escapar de su mano que cada vez se movía más. Ella tan solo se reía, cada vez más. Al final me corrí una segunda vez, pero poco y con una sensación molesta. Me hizo lamerle bien las manos con mi semen. Me desato y me hizo lamer el del suelo. Ahora vete a la ducha. Ven desnuda, cuando estés, María.
Cuando acabe me fui frente a ella que estaba sentada en una silla. Me coloco el aparato. Cogió un rotulador, permanente, y escribió su nombre por la parte de encima de mi polla. No muy grande. Pero se veía bien.
-Acostúmbrate a verlo porque, más adelante, te lo tatuare. Ponte tus ropitas y vístete. Por hoy has acabado. Aunque ya sabes que, a partir de hoy, seré tu sombra. Eres mía, Maria.
Fin….. (o no?)

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