lunes, 6 de febrero de 2017

Un nuevo fin de semana con mi marido en castidad.


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Este fin de semana hemos asistido a un evento social. Nos encanta tener encuentros sociales, pero a veces sé que es difícil para mi marido estar con mujeres bonitas vestidas elegantemente.
Él se ha sentido muy frustrado encerrado en su jaula de castidad, mientras estabamos en la fiesta.
Que el lleve jaula cuando sale de fiesta tiene algunos beneficios reales para mí. Con mi marido encerrado en castidad y excitado, sé que él nunca se alejará demasiado de mí, ni me engañará, así que me encanta perderlo de vista. En cambio a él le saber dónde estoy y quiere que esté cerca. A me encanta la forma en que algunas amigas juegan a coquetear con él, porque luego siempre termina llegando a esa parte donde a él se le vuelve dolorosa e incómoda la situación si su pene se pone duro en su pequeña jaula. Algunas de mis amigas más íntimas ya saben que él lleva jaula y parecen disfrutar de jugar coqueteando con mi marido. La jaula hace que nuestra relación sea más fuerte y ellas encuentran encantador, lo devoto y fiel que parece, mientras me preguntan si lo lleva puesto. Desde que lo saben algunas parecen coquetear más de lo normal. Él puede ser socialmente encantador, y las mujeres perciben rápidamente que él es completamente inofensivo y está completamente dedicado a mí. Mis amigas saben que no soy celosa y que estoy muy tranquila. Yo sé que mi marido Guillermo si se llegara a excitar pronto le resultará muy incomodo, y si esto sucede él viene a mi lado para que lo consuele. Él viene a mí como un pequeño cachorro buscando la protección de perros más grandes.
El dispositivo de castidad le controla las erecciones. Si se excita demasiado, la situación se vueve para él muy dolorosa e incómoda y se acerca a mi lado para sentirse más cómodo, con la esperanza de tener un poco de seguridad y de que pronto podría permitirle estar fuera de su dispositivo de castidad y posiblemente, quizás un orgasmo. Es tan dulce cuando él viene a mi lado así. Es como si me estuviera buscando para protegerlo de las mujeres sexys que sólo le causan frustración y malestar. Parece consolarlo el estar cerca de la llave de su jaula. A menudo toma mi mano y la apretará suavemente, apoya su cabeza en mi hombro y me besa para tranquilizarme. También es agradable saber que él constantemente está comprobando para estar tranquilo que yo estoy cerca, así que puedo hacerle saber cuando necesito que mi bebida sea rellenada. Cada vez que termino una bebida todo lo que tengo que hacer es esperar y al momento mi marido sabe con un gesto que necesito otra bebida y él se ocupa de ella puntualmente. Ya que él es mi conductor él sabe que tiene prohibidas las bebidas alcohólicas, a menos que él consiga mi permiso y decida que esa noche tomaremos un taxi para ir a casa.
En cierto momento, le dije que a mi marido que mis zapatos nuevos de tacón me estaban matando. El deslizó una silla delante de mí y se sentó y puse mis pies en su regazo. Y retiró mis zapatos y me dio un muy buen masaje de pies. Le di las gracias y él se agachó y me besó los pies y se deslizó suavemente los zapatos y se abrochó la correa del tobillo. Me preguntó si había algo más y le dije que podía marchar. Jessica me comentó lo que era mi marido. Cuando empecé a cansarme, le indicé que me gustaría ir a casa.

Cuando llegamos a casa, le dije que él me había hecho sentir muy orgullosa esa noche por el marido cariñoso, atento y adorador que había sido y que merecía un regalo. Me senté en el borde de la cama y mi marido se arrodilló entre mis pies y le dije que podía suplicarme lo que quería. Suplicó que le permitiera adorar mi templo y probar mi néctar. Le deje mendigar un rato porque creo que eso le hace apreciar más el privilegio. Me quité las bragas. Él me adoró allí durante un tiempo y me dio bastante excitación. Le pedí que se sentara en la silla y le amarré las manos al reposabrazos de la silla con un par de mis medias. Me desnudé tomando mi tiempo para que sea como una muestra de striptease para él. Se retorcía mientras se ponía su pene muy apretado en su pequeña jaula de castidad. Dejé mis medias y zapatos pero me puse uno de los camisones nuevos. Mi marido no me havía visto en este camisón, ese fue comprado para mí como un regalo de mi imaginario amante. Me senté en el borde de la cama y jugué conmigo mientras llevaba el camisón de mi amante. Mientras lo hacía, puse mis pies en el borde de la silla y golpeé los testículos y la jaula de pene de mi marido con mis talones de la manera que le gustaba y, a veces, levanté mis pies a su boca para que pudiera besar mis zapatos. Cogí mi vibrador y me masturbé. Cuando llegué creo que moví con fuerza mis piernas porque mi marido gritó unas cuantas veces. Acabé pisando sus pelotas con mis zapatos de tacón. Resultó ser una especie de polla de tacón alto y sesión de tortura de huevos, pero la verdad que no me di cuenta porque estaba liada en llegar a mi orgasmo. Cuando terminé, comprobé que mi marido no se había corrido. Le masajeé un poco las pelotas y le gustó eso.
Él desde que me apunté al blog de control de castidad solo para mujeres nunca más ha vuelto a tener un orgasmo completo, y aunque a veces tiene alguna sesión de ordeño y arruino su orgasmo, este fin de semana no tocaba. Quiero que cumpla que empezó el 15 de enero y que siga hasta el 15 de febrero, como mínimo, pero seguramente, aún no se lo he dicho, lo prolongaré hasta el 18 de marzo San José..
Cuando me quité el camisón mi marido me rogó si podía acurrucarse conmigo. Le recordé que el camisón era de mi amante y que no le gustaría saber que me lo ponía para otro hombre. Me puse un camisón diferente y desaté a mi marido. Su pene aún estaba muy duro en su jaula de pene mientras nos acurrucábamos para dormir. El pobre estaba tan caliente!
Puse una almohada entre nosotros para que él no pudiera frotarse contra mí y además me pinchaba con su jaula de pene y con su erección. Le recordé que era mejor que no tuviera tanta erección y que se pusiera agua fría del grifo. El fue al lavabo y luego aún podía sentirlo temblar y temblar suavemente mientras me dormía, sintiéndome tan relajada después de mi gran orgasmo para mi y ninguno para él.

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