jueves, 16 de julio de 2015

Relato del “gordito-pajero”


Soy el “gordito-pajero”. Así me llamaban mis compañeras de colegio. Siempre se burlaban de mí y me humillaban verbalmente. Pero eso no me molestaba, me excitaba. Por eso, en los recreos, iba al baño y me masturbaba. Un día, entraron y me descubrieron. Y se sumó a las burlas, el tamaño de mi pene. “Si así de chiquito es cuando está erecto, no nos imaginamos ¿cómo será cuando no lo  está?” Tengo 44 años y desde los 12 que me masturbo. Y varias veces al día. Antes, cuando no había internet, lo hacía con revistas pornográficas.
Como siempre fui tímido, torpe y retraído, no tuve muchas opciones de estar con una chica; mejor dicho, nunca. A mis compañeras las llamaba por teléfono y su sola voz me excitaba. Hasta que descubrieron que era yo. Y comenzaban a hablarme sensualmente para que yo me masturbara. Después empezaron a llamarme ellas, por teléfono, y me pedían que me masturbara. En ese tiempo, descubrí las líneas telefónicas hot. ¡Me la pasaba también hablando con señoritas y masturbándome! Hasta que llegó la boleta del teléfono y mi madre me descubrió.
Pero en esas conversaciones telefónicas, yo veía que lo que  me excitaba era que me humillaran verbalmente. Fue por eso que descubrí que lo que más me gusta es la dominación femenina. Con la llegada de internet, mi vida cambió totalmente. Ahí descubrí todas las variantes de dominación y de sumisión. De todas, la que más me gusta y espero algún día cumplir es la del cunnilingus. Es decir, lamer la vagina de una mujer. Sueño con eso. Lo más que he podido es oler la ropa  interior de nuestra mucama. Me imagino, por los videos que he visto, arrodillado frente a una mujer y suplicándole que me deje lamer su vagina.
También sueño con jugar al gallito ciego. Este juego consiste en que le vendan los ojos a uno y tiene que atrapar a la otra persona. Como uno no ve nada, la otra persona le da pequeñas palmadas en el pene, para orientarlo en su búsqueda. Si después del tiempo establecido, no la encuentra debe tener un castigo. Me excita pensar que el castigo es que me aten a la cama y me masturben repetidas veces, hasta implorar que cesen.
Si bien esto es un relato, no tiene nada de fantasioso. Es mi vida.
Un gordo pajero.

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