domingo, 27 de noviembre de 2016

Un matrimonio feliz.

Mis padres eran ricos, y yo hija única. Estudié en el mejor colegio de mi ciudad, y más tarde, estudié economía en Londres, en una presitigiosa y carísima escuela privada. Allí por medio de una compañera conocí el mundo femdom, y visité algunos locales con ella. Cuando regresé a España, empecé a trabajar en la empresa de papá, y no paraba de recibir indirectas, por parte de mis progenitores sobre buscar novio, tener hijos y el matrimonio del tipo de que "se me pasaba el arroz" . Era lógico: hija única, y ya tenía acabada mi carrera universitaria, tenía trabajo en la empresa de papá.
Ellos deseaban asegurar que todo el esfuerzo de su vida en progresar no podía terminar cuando yo despareciera de la faz de la tierra. No sólo buscaban que me casase, sino que les diera nietos. Pero yo no estaba por la labor de tener un matrimonio a la antigua usanza como el de mi padres. Ni tampoco un matrimonio normal como los de mi generación. Yo buscaba algo diferente: quería un matrimonio femdom, donde yo pudiera hacer y deshacer a mi antojo, sin ni siquiera consultar con mi marido. De alguna forma yo quería tener las ventajas de la soltería (hacer lo que una quiere) y las del matrimonio: tener una vida familiar, hijos, etc.....    .......y lo conseguí.

Este año celebramos el décimo aniversario de boda, y  os voy a hacer una pequeña recapitulación de lo que ha sido mi vida desde entonces.

Mi nombre es Cristina, y conocí a Fernando por internet, a través de una web de contactos, que tenía todo tipo de categorías de relación: estable, esporádico, hetero, homos, tríos, intercambio de parejas, ciber, sexo en grupo, poliamor, BDSM, etc.
En aquella época lo del femdom era poco conocido en España a diferencia de Inglaterra donde es mucho más popular, así que recibí pocas respuestas. La primera que elegí para conocernos fué la de Fernando. Por lo que me escribió al principio, él parecía estar muy convencido de lo que quería, y además coincidía plenamente con mis deseos, el buscaba una mujer tipo hotwife y que dominara en la relación. Contacté con él y, naturalmente, le dije que había recibido cientos de respuestas, lo que era tan falso como que hacienda somos todos, je, je, je. La verdad es que Fernando estaba bastante bien físicamente. Era guapo de cara pero tenía unos kilitos de más y bastante barriga. Tan pronto como nos pusimos de novios le obligué a sacárselos de encima, apuntándolo a un gimnasio y prohibiéndole las cerveza. Al año y medio después de nuestra primera cita, sin aún él haber tenido ninguna relación sexual completa conmigo, nos casamos en un sábado del mes de mayo de 2001. La boda fue de lo más típico, convencional y clásica que te puedas echar a la cara, y como mis papis tenían dinero, fue por todo lo alto, como está mandado. Casi 500 invitados, un menú carísimo con marisco y jamón pata negra, champán caro, una orquesta para bailar. Como mis padres, además de muy conservadores son ultra católicos, Fernando y yo vamos a misa todos los domingos por la mañana en que estamos en la ciudad y allí nos vemos con mis padres. Los fines de semana cuando viajamos fuera no nos acercamos a una iglesia ni para ver por fuera, ni aunque que sea un monumento histórico y artístico. Me propuse mantener una apariencia conservadora y que el estilo femdom quedase solo en la intimidad de mi casa. Si a mis viejos les gustaba eso, y además ellos tenían el control de nuestro dinero y de nuestro patrimonio, no me costaba mucho esfuerzo darles gusto en eso, y además también obligaba a Fernando a ir a misa, que era otra forma de control.

Para resumir lo que ha pasado en estos quince años, yo tuve dos hijas (recalco, YO tuve dos hijas), Carolina y Elena, hace cinco años que mi padre falleció de un ataque al corazón y a los pocos meses después, a mi madre se le acentuaron los síntomas del Alzheimer y a mi pesar no tuve más remedio que internarla en una residencia. Al principio iba a verla con asiduidad, luego, los domingos, pero la enfermedad se agravó, y como no me reconocía y hablarle era como hablar a una pared, tuve que iniciar los trámites para hacerme cargo del patrimonio familiar, así ella estaba perfectamente atendida, aunque yo ya tenía la completa dirección de los asuntos familiares ya desde la muerte de mi padre.

En Inglaterra es costumbre hacer acuerdos prematrimoniales y yo hice algo parecido con Fernando. Le planteé lo que había, mis condiciones fueron muy claras desde el principio y se las expliqué detalladamente a Fernando antes de formalizar nuestro noviazgo, y luego para nuestro compromiso matrimonial por escrito preparé ante notario un acuerdo matrimonial. Él aceptó todas mis condiciones impuestas:

  • Lo primero que quería era asegurarme que Fernando quedara financieramente vinculado a mi de forma subordinada. En otras palabras, asegurarme de que si yo me divorciara alguna vez, él se vería de patitas en la calle con una mano delante y otra detrás, sin tocar un duro de mi patrimonio ni bienes gananciales. Así fué como el matrimonio se acordó que fuera por separación de bienes.
  • Lo segundo, le aseguré que nunca me vería desnuda. Todo lo más aproximado a la desnudez sería con un bikini en la playa, o llevando ropa bragas y sujetador en casa. Para ello le encargué poner un pestillo en la puerta de nuestro dormitorio por la parte de dentro y, cuando me cambio de ropa o salgo de la ducha, cierro por dentro para evitar que Fernando entre, aún incluso por error.
  • Lo tercero, que nunca haríamos el amor, bueno él, no yo. Concretando más, nunca follaríamos ni por supuesto yo tocaría y menos chuparía su polla. Como le dije gráficamente, su polla nunca entraría en ningún agujero de mi cuerpo. Nunca sexo con penetración ni chupadas de polla.
  • Lo cuarto, Fernando trabajaría contratado, como personal de limpieza, en mi empresa, su sueldo sería el mínimo legal, sueldo que se ingresaba en una cuenta a su nombre pero que yo controlo online, pues sólo yo tengo las claves de acceso. A pesar de trabajar oficialmente para la empresa, su lugar de trabajo sería en casa, y equivalente al de un empleado doméstico. Así él estaría en casa, y atendiendo a los hijos que fuéramos a tener. Yo amo a mis hijas, y quiero que mis hijas tengan toda la atención del mundo necesaria para que se desarrollen humanamente como personas. Ellas no tienen la culpa de que su madre esté muy ocupada trabajando y a veces viajando.
  • El quinto punto se deduce del tercero. Si tuve dos hijas y Fernando y yo no hemos follado nunca, y yo no soy la Virgen María, mis hijas tienen que tener un padre. Carolina y Elena tienen un padre legal, mi marido, quién las inscribió en el registro civil como hijas suyas, y un padre genético, que nadie sabe quién es, ni siquiera yo. Además me aseguré de que los padres fueran distintos. Lo acabaré de explicar más adelante.
  • El sexto punto consiste en que Fernando nunca folla (tampoco se masturba), ni conmigo ni con nadie más. Desde antes de la boda ya llevaba puesto un cinturón de castidad , pero luego fuí probando nuevos modelos hasta llegar a usar ahora una jaula para el pene que encargué en Alemania. Su aparato sólo le sirve para orinar. Este aparato le impide tener una erección, con lo que no puede tener ningún tipo de relación sexual, ni siquiera la masturbación. Yo guardo las llaves en la caja fuerte de casa, que es electrónica y no tiene llave. La única persona que sabe la combinación es la misma que escribe estas líneas. Solo le quito el cinturón normalmente una vez a la semana para permitirle ducharse, lavarse la polla y la jaulita. Yo me obligué a hacerlo así por higiene. Los hombres en general son muy guarros, pero para mi la higiene es una cosa fundamental, y yo quiero que se limpie bien la polla por los entresijos de esa piel que se retira para atrás. Pero eso me obliga a estar en el cuarto de baño mientras se ducha para vigilar que no se masturbe mientras se ducha. Al principio de nuestra vida matrimonial yo le sacaba y le ponía la jaulita, pero la rutina acaba con todo placer y, si bien antes me gustaba hacerlo, ahora dejo que él lo haga solito. Curiosamente, aunque planifiqué que mi marido nunca usaría su pene más que para orinar, a veces las cosas no salen exactamente como hemos planificado. En ocasiones, mi marido eyacula con su pene metido en la jaulita y sin erección. Es raro pero es así. Es algo así como si su cuerpo tuviera que expulsar una mínima cantidad de semen al cabo del mes.
En la noche de bodas fuímos a un hotel de lujo. Até a mi recién estrenado marido a una silla y le puse de cara a la pared en el dormitorio matrimonial con la jaulita puesta. Y llamé a un chico que había conocido por internet para follar y que no sabía nada de la boda, mientras Fernando podía escuchar mis gemidos. Gemí más y más fuerte de lo común para asegurarme de que me oyera bien. Al día siguiente al mediodía saqué unas fotos mías chupando la pollas de mi amante, pero sólo se me veía la cara, los hombros y un poco más. Se me veía el nacimiento de mis senos, pero nada más. Lo hice adrede para ponerle cachondo. La noche siguiente fue igual, pero con otro chico.

Nos fuimos de luna de miel al Caribe, y allí enseguida conocí varios mulatos. A los dos días mi marido tenía que esperar fuera de la habitación mientras yo estaba en la habitación con algún chico. Yo le avisaba con una perdida. Al volver de la luna de miel, yo cogí un vuelo a Inglaterra y visité una clínica de inseminación artificial, y nació mi hija mayor, Carolina, exactamente nueve meses después, en febrero del 2002. No se parece mucho a mi marido, pero nadie puede asegurar a simple vista que no es hija suya. Ni salió mulata, ni medio oriental o algo parecido, y como eso de los parecidos siempre es una cosa subjetiva, nadie sospecha nada, o si lo sospecha, a mi no me ha llegado ningún rumor.

Con respecto a Elena, hice las cosas de modo diferente. En las vacaciones de Semana Santa de 2003 me fui a una casa de campo con dos hombres de negocios clientes míos. Ellos no sabían nada de mi vida personal, ni tampoco que yo tenía planificado quedarme embarazada. Uno de ellos, David, que por cierto es el mejor amante que he conocido, y que más tarde, se convirtió en mi paternaire exclusivo durante varios años hasta hace poco. Repetimos durante varias veces en casa de él, pero nos enamoramos perdidamente los dos, el uno del otro. Durante años fue la única persona con la que mantuve relaciones sexuales. Se podría decir que le fui fiel. Los dos compramos un apartamento cada uno en Santa Pola, en Alicante, y además en el mismo edificio. Así yo tenía una doble ventaja: mientras en verano y en Semana Santa y algún puente compartía el día en la playa con mis dos hijas, por la noche follaba con él. Las nenas, por supuesto, no se daban cuenta de nada. Además, yo procuraba agotarlas durante el día: jugábamos a la pelota en la playa, nadábamos, las llevaba a un centro de juegos para niños, a dar largos paseos por la playa o por el paseo marítimo, etc. Después de cenar se quedaban dormidas como troncos y yo me subía al departamento de David. Mi marido limpiaba los dos departamentos durante el día, compraba, cocinaba, lavaba, etc. Para ser sincera, mi marido ha aprendido a cocinar durante todos estos años y lo hace muy bien. Le gusta cocinar y a mi y a las niñas comer lo que hace. Lo apunté aun curso de cocina para amas de casa. Aunque ahora está más de moda que los hombres cocinen y alardeen de ello, nadie lo ve extraño.

Por razones que no vienen al caso, mi relación con David se fue deteriorando un año y medio antes de nuestro aniversario de boda. La ruptura me afectó bastante y me vino una pequeña depre, pero no tuve que ir a un psicólogo. Lo que le pasó a David a es que acabó buscando un matrimonio convencional, y yo que le creí cuando me decía: No puedo vivir sin tí. Y entonces pensé: como dice el refrán, A rey muerto, rey puesto. Como tenía a Fernando como canguro, no me lo pensé dos veces y me fui sola al Caribe. Follé como una loca hasta que mi kiki estaba más escozío que el culo de un bebé. Y a la vuelta conocí a Arturo. Él tiene una esclava llamada Antonia, la Toñi, como la llamamos. A Arturo le conocí contestando un anuncio en la misma página web por medio de la cual conocí a Fernando. El anuncio decía que amo con esclava buscaba ama con esclavo para compartir experiencias y algo más.

Arturo hizo que me reencontrara con el Femdom y el BDSM. Nunca le había pegado a Fernando. Nuestra relación había sido más bien distante y se resumía en dos cosas: yo le daba órdenes y él las cumplía, y nada más. A pesar de todo lo que he contado, nosotros teníamos relaciones sexuales. Descontado la penetración (vaginal o anal) y el sexo oral de yo hacia él, la única posibilidad era el sexo oral al revés, de él hacia mi. Una vez las niñas se dormían, Fernando y yo íbamos a nuestra alcoba y yo cerraba el pestillo por dentro. Le hacía desnudar, le ponía de rodillas frente a la cama, le ataba las manos detrás con un pañuelo grande de los que usamos las mujeres en invierno y, le ponía un antifaz que le tapaba los ojos. Después me desnudaba de la cintura para abajo y me sentaba en el borde de la cama con mi coño bien enfrente de él. Le agarraba por la nuca para guiar su cabeza hacia mi entre pierna y me entregaba al placer del cunilingus.

Pero ahora con Arturo nuestras relaciones eran diferentes. Empecé a pegarle en las nalgas con una fusta y disfrutaba con ello. Me compré un strapon, uno de tamaño pequeño, y le penetraba por el ano. Al principio le hacía que me chupara mi polla y después le penetraba. Después hice al revés, primero le penetraba y después le obligaba a chupármela. Esto le obligó a que si no quería comerse su propia caquita, a hacerse un lavado interno rectal. Después me compré otro más grande y después otro aún mayor, enorme.

A veces hacíamos un sandwich. Pongo a Fernando de pie, con los ojos tapados, delante de la mesa del comedor con la cintura doblada en 90º y con su cara totalmente apoyada en la mesa. De este modo su culo se me ofrecía de forma apetitosa y fácilmente abordable. Yo le penetraba por detrás, y Arturo me penetraba, a veces vaginalmente, a veces analmente. Las primeras veces nos resultaba un poco complicado coordinar los movimientos de los tres y por ello, era menos placentero de lo que nos imaginábamos. Pero poco a poco fuimos encontrándole el tranquillo, como se dice coloquialmente, y disfrutamos mucho del placer.

Naturalmente, hacemos todo esto fuera de nuestra casa. Las niñas ya no son tan pequeñas y aprovechamos los momentos en que estan en el Instituto estudiando. Nosotros cuatro disfrutamos por las mañanas de nuestros jueguitos sexuales.

Desde que conocí a Arturo y Toñi mi vida ha mejorado. Con mi vida anterior me iba convirtiendo poco a poco en una ninfómana, pero ahora todo a mejorado. Disfruto más del sexo los cuatro juntos y no tengo esa afán compulsivo del sexo como antes.

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