sábado, 16 de mayo de 2015

No me masturbo nunca.

Cuando tenia 18 años me tuve que trasladar a la gran ciudad para estudiar en la universidad. Mi primera preocupación era encontrar alojamiento.Todos eran muy caros, entre los pocos que entraban dentro de mis posibilidades económicas ví uno en que ofrecían una habitación en un piso y en que se debían hacer tareas del hogar. Llamé para preguntar si aún estava libre la habitación y una Señora me dijo que rápido, pues parece que hacía pocas horas que lo había puesto en el tablón de anuncios de la universidad. Fuí allí a ver las condiciones, al llegar me encontré con un edificio de viviendas de alto standing, con portero que me preguntó a donde iba, yo le expliqué a quién quería ver, llamó y me dijo que podía pasar. Al entrar me abrió una señora de unos 60 años, y me invitó a pasar, y me invitó a tomar una taza café mientras hablábamos. Y ahí estába yo mirando el salón sentados en el sofá esperando que llegara para poder ver la habitación. La Señora tardaba bastante y al cabo de un rato oigo como se le caé algo en la cocina, yo pregunto si hay algún problema y ella me dice que se le ha caído el café en el suelo, y si le puedo traer el palo de fregar que esta en la despensa de la cocina. El suelo está manchado y ella no puede salir sin riesgo de resbalar. Me levanto voy a la cocina y me pongo a fregar el café derramado y le digo a la Señora que no se preocupe por el café que yo sólo quería ver la habitación.
Le digo que no se moleste y me agacho a recoger los trocos de taza rotos, ante la Señora que permanecía de pie, al arrodillarme vi sus zapatos que aunque estaba en casa llevaba puestos tacones, sus medias negras y su falda larga, sin ver su cara era una mujer de las que impresionaban, no pude evitar sentir una cierta excitación, aunque la Señora era mayor diversidad de pensamientos eróticos aparecían en mi mente.
Después de limpiar, le pedí una bayeta para dejar el suelo bien seco pues podía resbalar con esos tacones, ella me dijo el cajón donde estaban y me volví a arrodillar para dejar el suelo seco y limpio. Ella hizo el comentario que chico tan amable, muchas gracias.
Una vez seco, salimos y fuimos directamente a la habitación que pensaba alquilarme que justamente estaba al lado de la cocina.
Al entrar pude ver que la habitación no era muy grande, pero había sitio para estudiar, me pareció bién. Ella dijo que nos sentaramos y que me diria las condiciones si estaba interesado. Yo le dije que sí que me interesaba. Ella dijo que pensaba que iba a encontrar a alquilar la habitación a una chica, que ella se iba a sentir más a gusto, se lo tenía que pensar un poco, pues hacía poco rato que había puesto el anuncio, dijo que esperaba otras candidatas. Yo le dije que por las tareas del hogar no iba ha haber ningún problema.
Ya pero no sé, los chicos os masturbais mucho y no quiero ir al lavabo y encontrarme sorpresas.
No se preocupe que yo no me masturbo nunca. Eso no me lo creo ella contestó, me puse un poco rojo.
Está bién, si es verdad eso que dices que no te masturbas nunca, te voy a explicar mis condiciones:
Deberás llevar un cinturón de castidad siempre que estés viviendo en esta casa, y sólo yo tendré las llaves. Así me aseguraré que eres sincero.
Yo expuse mis dudas, ante ellas me dijo que la conversación ha terminado. Cuando ya estaba saliendo le dije que sí que aceptaba.
Me dijo que era viuda y que tuvo a su marido siempre en castidad, me dijo que fuera al lavabo y me depilara mis genitales, y que me traeria varios cinturones de castidad para ver cual me iba a ir mejor.
Sentí verguenza, pero la excitación por saber que pasaba me animó a seguir, me depilé, y ella me entregó varios que fuí probando uno a uno. Entre todos elegí uno metálico con forma de jaula. Ella puso un candado y antes de cerrarlo, me volvió a preguntar tú te masturbas, y yo contesté no. Al oir click sentí como mi pene tenía una fuerte erección que se encontró limitada por los barrotes de la jaula.

Ella era de esas mujeres de las que tienen ese andar fuerte y altivo, con una mirada profunda que desnudaban tu alma a su antojo. Se llamaba Raquel, pero ella me dijo que la llamara Señora Raquel
A partir de ese momento paso a enseñarme el resto de piso. Me dijo perdona que la casa este un poco desordenada, pero es que apenas tengo tiempo para hacer las cosas de la casa.
Ella me dijo que era escritora y me comento que se tenía que poner a trabajar y que le apetecía tomar ese café, yo me ofrecí a prepararlo y encontré algunas tazas en un atestado lavadero, mire Señora Raquel, yo no tengo nada que hacer en toda la tarde, si quiere yo le puedo fregar los platos mientras Usted trabaja – me ofrecí -. - Si claro, te alquilo una habitación y te pongo a fregar los platos...- - De verdad que no importa -.Le dije que se fuera a trabajar que yo me encargaba de todo lo de la cocina. Dado que ella tenía mucho trabajo que hacer, acepto mi propuesta y se fue a trabajar mientras yo seguía fregando los platos. Cuando el café estuvo listo serví una taza para ella y se lo lleve a la habitación que usaba como oficina, ni siquiera me dio las gracias por ello. Y yo volví a la cocina para terminar mi trabajo, fregé los platos, la encimera, barrí el suelo, le limpie el frigorífico por dentro... Una vez que hube terminado con la cocina, me acerque de nuevo a su oficina. Ella estaba en ese momento hablando por teléfono con una amiga y no precisamente de trabajo. Sin decir nada para no molestarla, con gestos le indique si quería mas café. Ella movió la cabeza afirmativamente y yo me aleje a la cocina para servirle otra taza. Cuando volví a la oficina me hizo un gesto para que me esperara... Estuve esperando ahí de pie hasta que ella termino de hablar con su amiga. - Bueno...te tengo que dejar que tengo visita...Besos – se despidió finalmente - Entonces le hice un resumen de todo lo que había hecho. - Mira que bien...muchas gracias... - No hay de que, siempre es un placer.  Ella me contó algo de su amiga y de la conversación que habían tenido. - Uff... te vas a tener que ir...porque aún tengo mucho trabajo que hacer y quiero también limpiar la casa, al menos el cuarto de baño – me dijo a modo de despedida -. Sin que me diera cuenta, una frase salió de mi boca: - Si quiere Señora Raquel puedo limpiar el cuarto de baño... - - No se, sería abusar mucho de ti no? …. - la mera mención de la palabra abuso por su parte hizo que empezara a excitarme
- No te preocupes, siga con lo suyo y salí de la oficina sin dejarle tiempo a replicar -. A pesar de que el cuarto de baño no era muy grande, pase la siguiente hora limpiándolo a fondo. Quería hacer un buen trabajo y me esmere en limpiar cada milímetro del mismo, incluso baje un momento a la calle para comprar algo de ambientador. Cuando termine con la tarea impuesta (por mí mismo en cierta manera) ella ya había terminado con su trabajo y estaba en la cocina tomándose un café. - Mira...esto es un poco raro para mí... - empezó a decirme sin ofrecerme ni siquiera sentarme -. - La verdad es que me ha gustado el hecho de no tener que preocuparme por limpiar la casa... de hecho me ha encantado. Y si te soy sincera es algo a lo que le he dado vueltas alguna que otra vez cuando pensé en alquilar la habitación
- A la Señora Raquel le gustaba estar en casa en ropa interior y el hecho de tener a un hombre limpiando en casa no la incomodaba, pero si el hecho de que ese tío se masturbara pensando en ella. Y entonces le dije que eso no pasaría pues ella tenia las llaves del cinturón de castidad, y yo no tendria forma de masturbarme aunque viera a la Señora Raquel en lencería.
 - Te tengo que advertir una cosa, yo soy muy exigente, si no haces un buen trabajo no voy a dudar en castigarte de la forma en la que yo crea oportuna. Y puede ser que pase mucho tiempo hasta que te dé la llave y puedas masturbarte, ah! no, me dijíste que no tú no te masturbas
-Señora Raquel, me esforzaré al máximo para hacer que tu vida sea lo mas placentera posible – fue mi respuesta -
Ella mientras, sonreía con suficiencia se puso en su collar la llave de mi cinturón de castidad. Y aparecieron mis dudas ante como iba a aguantar esto. No me atrevía a mirar a la cara de la Señora Raquel.
 - Venga... que no tenemos todo el día.... - me gritó la Señora
 Así empezaba un curso con un cinturón de castidad puesto, y con una tremenda erección, al menos todo lo que el cinturón permitía. La imagen de una figura femenina con la llave en su cadena al cuello me acompaño los siguientes días. Eternos días ....

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